Orbaneja del Castillo

El pueblo de Burgos con agua del paraíso

La casualidad quiso que Orbaneja del Castillo se colase entre mis primeros destinos después del confinamiento. Pillaba de paso entre el campamento de nuestra hija y el alojamiento que habíamos cogido en Cantabria mientras ella estaba allí. El desconocimiento hizo que, a priori, no tuviese muchas expectativas sobre este pueblo del norte de Burgos. Tal vez por eso estando allí me sentí como si hubiese descubierto América... ¿Cómo es posible que este sitio no sea mundialmente famoso?

Fue bajar del coche y ya se escuchaba a la vecina más famosa de Orbaneja. Atraídos por su voz fresca y enérgica nos acercamos como hipnotizados. Andamos unos metros carretera abajo y de repente…¡Wow, qué cascada más bonita! 

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No es la cascada más alta que he visto. Tampoco destacaba por su caudal ya que, al ser verano, es cuando menos agua lleva. Sin embargo, parece sacada de un mundo de fantasía tanto por su color como por su ubicación. Desde la perspectiva tan fotogénica que da la carretera, las casas que la acompañan en su pendiente parecen ser su nacedero. Pero sin lugar a dudas, lo que más me impactó fue su intenso color turquesa que se podía apreciar en las distintas pozas que se han formado a lo largo de su recorrido hasta desembocar en el mismísimo río Ebro.

Estoy segura que si hay paraíso, el color del agua allí es el mismo que el de esta cascada que, a pesar de ser urbana, ha sido capaz de mantener su pureza, transparencia y magia gracias al cuidado de su pueblo que la protege evitando incluso el baño en ella.

Cuando pude quitar la mirada de esta belleza hipnótica, subí por la escalera lateral que lleva a La Cueva del Agua, su origen real que se encuentra en la misma plaza del pueblo. Me di cuenta de que el entorno es también alucinante. Orbaneja del castillo ya no tiene castillo pero está rodeado de una especie de muralla natural esculpida por el viento y el agua.

¡Es una maravilla para todos los sentidos! Recuerdo estar en esa plaza partida literalmente en dos por una especie de canal que deja escuchar el alegre sonido del agua mientras giraba sobre mí misma pensando si el hecho de haber estado tantos meses encerrada podía provocar ver las cosas con un filtro de belleza infinita y sentir como si la naturaleza me hablase.

Las caprichosas formas de las hoces del cañón del río Ebro me animaban a seguir viajando, esta vez a África, con el beso de los camellos más romántico que pueda existir, creando entre sus cuerpos la clara silueta de su continente amado. Tendremos que hacerles caso ¿verdad?

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Espero haberos animado a descubrir este tesoro escondido de Castilla León con vuestros propios ojos y que, en cuanto se pueda viajar, comprobéis que no es necesario irse muy lejos para encontrar destinos tan espectaculares como éste.

Consejo extra: Si vais en primavera, cuando se produzca el deshielo, será más impresionante si cabe!!!

Fotografías: En esta ocasión, las fotos son todas mías