Mira que he visitado castillos y palacios en mi vida. Pero nunca me había topado con uno tan original y divertido como el Palacio de Hellbrunn.
Os pongo en situación: viaje familiar a Austria. Y cuando digo familiar, me refiero a 12 personas de entre 2 y 75 años. Vamos, el típico grupo en el que parece misión imposible encontrar un plan a gusto de todos. ¡Pero lo encontramos! Y no sabéis lo que me alegro de haber ido porque, desde la más pequeña hasta el más mayor disfrutaron como enanos y todos guardamos un recuerdo inolvidable de ese ratito. ¡Os prometo que hasta los adolescentes se olvidaron del móvil!

¿Qué por qué aún sin ver el palacio en sí sigue mereciendo tanto la pena?
Porque yo lo que quería era sorprender a mi familia con algo inesperado. Lo mismo que el príncipe-arzobispo Markus Sittikus tenía en mente cuando mandó construir este palacio en el siglo XVII. Su idea era tener un palacio de recreo para entretener a sus invitados o más bien reírse con ellos mientras demostraba su ingenio y riqueza.
La gracia de esta visita es que no se conozca el secreto que encierra el Palacio de Hellbrunn. Por eso, y para conseguir una cómplice que me ayudase a convencer a todo el grupo a ir, sólo se lo conté a una de mis hermanas.
A la hora establecida en el ticket de entrada, un guía nos acompaña al primer punto, donde hace una breve introducción (en inglés) sobre lo gamberrete que era el propietario del palacio y cómo le gustaba organizar banquetes y juegos con sus amigos de la nobleza. Piden voluntarios para escenificar cómo sería un banquete de la época y, desde ese momento, ya sabes que las carcajadas y las risas te van a acompañar durante todo el recorrido.

Ver cómo mi padre iba tan tranquilo en plan “a mí no me la dan” y después salir corriendo como cuando jugaba de pequeño, o cómo mi hija se aliaba con sus primos, que iban de avanzadilla para que los mayores cayésemos en las trampas, son recuerdos que ya atesoro y que siempre tendré que agradecer al Palacio de Hellbrunn.
Podéis llegar fácilmente en transporte público desde la estación de Salzburgo. En menos de media hora, el bus número 25 os lleva directamente y además es gratuito si tenéis la tarjeta SalzburgerLand. Nosotros no tuvimos que pagar nada, ni el transporte ni la entrada al palacio, que de normal cuesta casi 17€ por adulto.
¿ Que cómo consigues tú también que esta planazo sea gratuito?





El Palacio de Hellbrunn
Bienvenidos a los juegos del agua