San Gimignano

El skyline medieval más inesperado de la Toscana

Me gusta hacerme mi propia idea de cada lugar que visito. Por eso, a la hora de preparar mi itinerario, tengo mucho cuidado en la forma de elegir lo que quiero ver para no perder ese factor sorpresa que tanto disfruto cuando viajo.

En vez de centrarme en qué hay que ver, me pregunto si encaja conmigo, con mi familia y con nuestro momento vital. Si siento que nos va a aportar algo bonito, no lo dudo.  Así fue como supe que sí o sí, en nuestra escapada a la Toscana, teníamos que visitar San Gimignano ¡y vaya acierto!

Ya desde la distancia, su silueta me hipnotizó. Al principio no era más que un punto en lo alto de las colinas ondulantes de la Toscana. Pero, poco a poco, se fueron definiendo sus torres medievales que se alzan sobre el horizonte.

Tuve que parar el coche para asegurarme de que San Gimignano mantenía en pie tantas torres medievales como parecía, porque no contamos ni una ni dos…¡14 rascacielos de la Edad Media han llegado hasta nuestros días en perfectas condiciones! Creo que ha sido el skyline que más me ha sorprendido nunca tal vez por lo inesperado de un pequeño pueblo toscano de apenas 10000 habitantes

¡Ni que fuese Manhattan hace 600 años!

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Al llegar, aparcamos gratis en una calle próxima al centro histórico. Es lo bueno de visitar sitios muy turísticos fuera de la temporada alta.

Aunque se podría visitar en unas horas, San Gimignano invita al slow travel, a dedicarle tiempo para descubrir sus rincones, para contemplar sus vistas, para probar su gastronomía, incluso para charlar con algún local y que te cuente alguna curiosidad de las que no salen en las guías. Así nos enteramos de que San Gimignano llegó a tener 70 torres medievales ¿os imagináis cómo tuvo que ser eso?

Yo pensaba que su función principal sería defensiva pero ¡qué va! Aquí había una competición de las familias nobles por quién la tenía más grande…¡la torre! Cuanto más alta era tu torre, más poder demostrabas frente a los vecinos así que debían estar todo el día picados y ahorrando para ganar a los de al lado…¡Cómo somos los humanos!

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Me llamó la atención lo bien conservado que estaba todo. Desde que entramos por la puerta de San Giovanni nos sentimos envueltos en un ambiente medieval real: su trazado, sus edificios, sus escaleras, sus arcos. La plaza del pueblo me pareció muy curiosa por su forma triangular y su inclinación consciente que favorecía ya en esa época la recogida de agua de la cisterna o pozo que hay en medio.

Me senté allí un rato embobada por la belleza de las torres y casas que la rodean.

Me atrevo a decir que es el lugar medieval más bonito que he visto. Mires donde mires hay detalles preciosos que pasan desapercibidos si te descuidas, rincones con una luz especial. Pasear por sus calles era descubrir un tesoro tras otro.

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Otra maravillosa sorpresa nos esperaba al entrar a la Collegiata di Santa Maria Assunta, conocida como el Duomo de San Gimignano. Sabía que merecía la pena entrar pero no me esperaba esa explosión de color dentro del templo. Impacta venir del gris de la piedra de todo el pueblo y pasar a un interior cubierto completamente de frescos con vivos colores que cuentan episodios de la Biblia. Aunque no seas aficionado a este tipo de arte, te quedas sin palabras, de verdad.

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Al final, nos quedamos todo el día pero me faltaron horas. Me fui con la sensación de irme justo en el mejor momento: San Gimignano de noche. Tiene que ser mágico ver atardecer desde allí y pasear por sus calles sin turistas bajo la atenta mirada de la luna.

¡No hay problema! Ya tengo motivo para volver :-)

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